viernes, 10 de mayo de 2019

Tarifas indignas para redactores freelance



Hace bastante tiempo que no me sentaba a escribir un post diferente a lo que se suelo publicar en mi blog: relatos y reseñas. Así que se siente un poco extraño estar hablando desde un punto de vista más personal para dar una opinión sobre algo que involucra la vida profesional de cientos de traductores, editores y redactores freelance. 

Un día equis por la mañana entré a internet e inicié una búsqueda de trabajo en una de las tantas páginas que utilizo con frecuencia para encontrar proyectos. Y, como ahora estoy más consciente de lo que debo hacer en mi vida como persona con responsabilidades, una profesional que debe buscar sus medios para obtener proyectos, me he puesto a pensar en que sufrimos con las tarifas que nos ofrecen en el mercado freelance. Así que este, más que un post "informativo" es uno de descargo.

martes, 7 de mayo de 2019

El último aliento


Catorce personas decidieron visitar Cliptón y contratar uno de los mejores planes turísticos para conocer la ciudad y alrededores.

La ciudad de Jasmín, capital de Cliptón, regresaba a la normalidad tras una de las tormentas eléctricas más grandes del mundo. Las personas estaban reconstruyendo sus casas y poco a poco las escuelas y hospitales volvían a ser lo que eran antes: centros de seguridad para pequeños, adultos y ancianos. 

Las catorce personas que viajaron a Cliptón se encontraron con personas positivas y con ganas de reiniciar sus vidas. Aquello contagió de alegría a los extranjeros; sin embargo, no sabían lo que estaba por venir.

Eran aproximadamente las diez de la noche y la ciudad quedaba a oscuras. Las luces de las calles no habían sido reparadas todavía, así que la visión era casi nula. Poco a poco comenzaron a sentir que la temperatura disminuía y que comenzaba a caer nieve. Todos los visitantes se ocultaron en la única casa que los podía refugiar ese día y aceptaron permanecer ahí porque era uno de los lugares que, aparentemente, era más seguro; sin embargo, era uno de los peores de la ciudad. No había calefacción, algunas ventanas estaban rotas y se sentía cómo la humedad penetraba en la casa.

En la mitad de la noche, uno a uno comenzó a despertarse a causa de los temblores del cuerpo. Estaban congelándose y no había manera de salir de la casa. 

Una de las dueñas de la vivienda les contó que la tormenta había perjudicado todas las salidas del inmueble, incluso las ventanas. La nieve sobrepasaba la mitad de la casa y el viento soplaba tan fuerte que parecía que la casa saldría volando. No tenían otra opción que esperar allí a que todo pasara, tratar de abrigarse con las pocas cobijas que tenían y pensar en otras cosas para no permitir que el frío les congelara las articulaciones.

De pronto, Jestón, uno de los turistas más jóvenes con 19 años, miró a su derecha y vio a Tina, su novia y amor de su vida, en el suelo. Su rostro estaba morado y no parecía estar respirando. Dio un grito cuando entró en razón y se puso de pie tan rápido como pudo. Algunos reaccionaron rápidamente al grito y lo miraron sin entender qué sucedía, hasta que les explicó que Tina estaba sobre el suelo, con el rostro morado, sin respirar y, probablemente, muerta. Jestón comenzó a lamentarse por no haber abrazado a su novia, por no haberla cuidado mejor, pero en ese momento no tenía fuerzas ni para moverse. 

La dueña de la casa corrió hasta la muchacha y acercó sus dedos índice y medio para evaluar si presentaba o no signos vitales. No tuvo éxito. Tina había muerto de hipotermia. Otros cuatro presentaban el mismo peligro: no recordaban donde estaban, se sentían perdidos, tenían la mirada fija en un lugar sin un objeto interesante al cual observar y no podían hablar. Presentaban signos claros de estar a punto de morir de hipotermia.

Todos estaban peligrando la vida en aquel lugar.

Jestón no paraba de llorar. No tenía la fuerza mental para superar lo que había pasado. Sabía que, si permanecían ahí un par de horas más, todo el resto de los presentes, extranjeros y dueña de la casa, sufrirían las mismas consecuencias que Tina.

La última vez que se había producido una ventisca tan grande había sido hace más de cien años. Los habitantes actuales no sabían qué medidas debían tomar para evitar tantas muertes por el frío. Ni siquiera había un doctor que pudiera salvarlos.

Pedro, otro turista, se puso de pie mientras apretaba con mayor fuerza la cobija a su cuerpo para conservar el calor dentro y trató de convencer a todos que lo ayudaran a mover la puerta o a despejar las ventanas para salir y pedir ayuda. Como ninguna de las diez personas presentes en la habitación sabía lo que pasaría afuera y las consecuencias de una tormenta como estas, aceptaron ayudar con el plan de Pedro.

Comenzaron a escarbar, no les importaba que la nieve entrara a la casa porque la idea principal era despejar por lo menos la ventana más pequeña de la sala de estar. Para la buena suerte de todos, lograron cumplir el propósito de escapar de esa habitación, dejando atrás a cinco personas que ya habían fallecido por hipotermia. Los que lograron salir de la casa nunca se imaginaron que ellos serían los siguientes. 

El viento azotaba cada lugar plano de la ciudad. Los que lograron escapar se vieron amenazados por algunos postes que caían en las calles a causa del viento. Sin embargo, un par de minutos después de haber estado corriendo por las calles llenas de nieve fresca, ocurrió lo peor. Un avión descontrolado por el viento venía descendiendo a toda velocidad en dirección a los habitantes que se mantenían corriendo. No sintieron ruido ni vieron que faltara luz, no pensaron nunca que aquella sería la última vez que podrían ver nieve, respirar, correr, llorar, gritar.

martes, 30 de abril de 2019

El escape del Yeti



Lleva aproximadamente quince años huyendo. Ha estado utilizando las técnicas de escape que tan cuidadosamente le enseñó su padre antes de morir. De hecho, su causa de muerte es exactamente la misma que está tratando de evitar desde ese entonces. 

Recuerda perfectamente ese día: se encontraban en las puertas de una gran mansión ubicada en la cima de la cordillera nevada, habían decidido ir por comida porque cada vez se complicaba más la situación en la zona sur del país. Sin embargo, no tenían idea de lo que podría pasar si permanecían por mucho más tiempo en aquel lugar.

Un grupo de cazadores apareció en la sala de entrada de la mansión mientras algunos sujetaban firmemente un hacha en sus manos, otros estaban recién recargando sus pistolas para salir en busca del Yeti. Apenas vieron al par de criaturas bípedas, los hombres campesinos dispararon sin pensar en lo que sucedería después. Mientras que el más joven corría cuesta abajo sin intención de detenerse y pensando que su padre venía atrás de él, escuchaba más y más disparos. Una de las tantas balas dio contra la cabeza del Yeti que aparentaba más edad y no lamentó haber muerto porque decidió no correr para no poner en riesgo la vida de su único hijo, sacrificó su vida para que el Yeti más pequeño pudiera escapar y dejar atrás a aquellos humanos que solo querían hacerles daño. 

jueves, 25 de abril de 2019

Su reflejo en el espejo

Julia es una mujer escéptica en cuanto a creencias colectivas sobre fantasmas y espíritus. Su desconfianza llega a tal nivel que no le preocupa ni la perturba mirar películas de terror a altas horas de la madrugada. Sin embargo, aquella noche todo era diferente.

Durante el día, había hecho algunos cambios en su habitación. Su cama ya no estaba en el mismo lugar, sino que se encontraba justo frente a la ventana. Lo mismo había pasado con su escritorio, sus libros... y su espejo. Ese espejo que tenía más años que la casa misma y que había sido uno de los tantos regalos que habían recibido sus abuelos para el día de la boda.

Cada persona que visitaba a Julia y entraba a su cuarto, sentía que algo extraño había en ese espejo. Experimentaban una extraña sensación de pesadéz cuando se miraban en él. Y no faltaba el que sufría de jaqueca y mareos cuando se iban de aquella habitación. 

Esa noche, entonces, Julia decidió mirar una de las tantas películas de terror que le recomendaba Netflix. Llevó su taza de café, algunas galletas de chocolate, se acostó en su cama y cubrió su cuerpo con una manta de polar. Todo estaba listo para disfrutar de una buena película, pero no tanto como para que ella temiera desde el inicio.

—Como era de esperarse... otra película de terror que, tristemente, no da miedo —dijo cuando la película ya mostraba los créditos. Bufó decepcionada una vez más y decidió acostarse a dormir. Se paró de su cama, fue a lavarse los dientes y cuando volvió, nada era como ella esperaba. Su reflejo apareció frente al espejo y ella, estupefacta, caminó hasta él, esperando que solo haya sido parte de una broma de mal gusto de algún miembro de su familia. No fue así. En el espejo estaba ella y su reflejo sostenía un cuchillo en la mano izquierda. Su mirada se fue directo a esa parte del cuerpo que poco a poco comenzaba a subir. 

La respiración de Julieta comenzó a agitarse y, por ende, también su pulso incrementó. Temía que aquello no podría ser una broma porque, aunque ella no lo quisiera admitir, parecía real, tan real como ella misma.

Julieta movió su mano izquierda tratando de comprobar si había o no un cuchillo en ella, pero nada. Solo su reflejo tenía aquel objeto filudo que amenazaba con ser introducido en su abdomen. Ella quería gritar, pero nada podía hacer. 

Luego de unos segundos, comenzó a sentir una clavada en su estómago, justo en el lugar que su reflejo estaba apuntando. De pronto, un sonido muy agudo se sintió a su lado y pudo observar que la taza había caído causando, como consecuencia, que su madre apareciera en la puerta, asustada. Julia volvió a mirar el espejo y aquel reflejo extraño a su ser ya no estaba, solo era ella reflejada con poca luz en su espejo. Se sentó en el suelo sin dejar de observar el espejo, mientras que su madre se acercaba a abrazarla.

miércoles, 24 de abril de 2019

El túnel ; Ernesto Sábato

  D a t o s  b á s i c o s  

El túnel
Ernesto Sábato
Español
143 páginas
Narrativa
Editorial Planeta
Edición 2015

  S i n o p s i s  


Juan Pablo Castel es un pintor recluido en prisión por el asesinato de María Iribarne. Durante su encierro rememora la cadena de acontecimientos que le llevaron a perder el control, a convertirse en un hombre con el interior oscuro, un hombre poseído por una insalvable soledad, la de la ausencia de la mujer amada hasta el límite, la del engaño que ha convertido su corazón en un pedazo duro y frío de hielo y ha colocado entre sus manos el cuchillo que pone fin al sufrimiento.

jueves, 11 de abril de 2019

Viaje de desesperación


Yo no lo hice. Juro que no fui yo. Quizás fue ese ser que habita en mi interior y que no he podido controlar todavía. Estoy preocupado. Todos los días salgo a la calle y observo a las personas, pero ellos me observan mucho más. De pie a cabeza y de cabeza a pie. Me están volviendo loco de remate y me hacen sentir que fui yo. Claramente, tengo aspecto de que no mataría ni a una mosca, pero no lo entienden. Comienza a picarme el cuerpo, las piernas, los brazos, la espalda, la cabeza. No lo resisto, tengo algo recorriendo mi cuerpo por dentro de la piel.

Escucho voces, murmullos y a veces hasta gritos que me perturban.

Tomo un rumbo distinto hoy. Giro a la izquiera en la avenida frente a la escuela, quiero desaparecer de ese lugar, así que corro lo más rápido que puedo. Necesito viajar lejos, ojalá a un espacio donde solo exista yo. Mi lugar secreto siempre estaba vacío, así que decidí ir hasta ese lugar, pero este día es distinto porque, a pesar de que estoy donde puedo respirar en paz, no he logrado dejar de escuchar a las personas hablar de mí. Es como si estuvieran hablando con altavoces o como si se hubieran colado en mi lugar secreto. Cierro los ojos y me siento en el suelo, aprieto con más fuerza mis ojos hasta que comienzo a sentir clavadas en las sienes.

Grito. Grito tan fuerte como puedo para callar esos ruidos que no me dejan tranquilo. "¡Tú lo mataste!", "¿dónde lo tienes escondido?", "¡te llavaste a mi hija, asesino!", "¡qué lo encierren, es un asesino!", gritan las personas. Siento esas voces y me siento incluso más culpable. Pero yo no lo hice... ¿o sí?

No puedo mover mis manos. no abriré los ojos porque quizás qué cosa pillaré ahí, inmovilizando mis manos. Siento que me muevo, pero no soy yo quien está controlando los pasos, alguien más me lleva hasta algún lugar que no conocí jamás. Entonces me doy cuenta que no es que no quiera abrir los ojos, sino que no puedo. Tampoco es como si sintiera una cosa viviente apretando mis manos para que no las mueva, sino que es algo inmóvil carente de vida que me quita la inmovilización.

De pronto, me veo sentado en un lugar estrecho, oscuro y muy frío. Estoy usando una ropa extraña, no la reconozco. Frente a mí hay rejas. Entonces ya no hay vuelta atrás, no puedo hacer nada más que admitirlo. Yo lo hice, soy culpable.

jueves, 4 de abril de 2019

Libros de mi estantería que quiero leer

Hace exactamente dos meses que escribí el último post. Este año sería un "full de escritura, full de posts" y ¿qué ha pasado? Pues me he desconcentrado mucho y he estado demasiado desorganizada. Además, he estado en proceso de "búsqueda de trabajo" puesto que ya no soy más una estudiante, ahora solo soy... una desempleada.


Regresando al tema del que quiero escribir en este post, quisiera contar que estaba ordenando mi pieza (habitación o cuarto para otros, hahah, esto de la variación geográfica del lenguaje... uff.) y encontré muchos libros que nunca he leído y son, en su mayoría, libros clásicos. Por lo general, los libros que tengo son partes de las listas de libros de lectura obligatoria del colegio, pero por cosas de la vida, jamás los leí. Hay otros que he ido comprando yo (muy pocos, en realidad) y otros que ha comprado otra persona en la familia). Concluí, entonces, que quería regresar al mundo bloguero dando a conocer cuatro libros que están en mi estantería, que quiero leer, pero que no sé cuándo comenzaré a leerlos. ¡Comencemos con la lista!