lunes, 4 de febrero de 2019

Tocar las estrellas

Derechos de autor a quien corresponda.
“¿Qué tan difícil es tocar las estrellas?” se preguntaba ella cada día al despertar. Era una mujer enamorada de la vida y de las cosas que aparecían como si nada en su mundo. Agradecía cada día por volver a vivir, por volver a respirar y a amar a su familia. Su madre y sus dos hermanos menores eran sus personas favoritas y su única familia. Y, a pesar de no vivir con ellos, pasaba a visitarlos todos los días después del trabajo. Llegaba a casa de su madre con comida para compartir y con uno que otro librito para que el más pequeño de la casa disfrutara la lectura tanto como a ella le hubiera gustado disfrutarla. 

Vivir una infancia sumergida en la pobreza no le permitió tener mejores oportunidades. Trabajó desde los dieciséis años y no paró hasta quince años después, cuando recibió una oportunidad de estudiar en el extranjero. No se pudo negar. No quería ni debía. Pensó, entonces, que esa era la oportunidad que tendría para surgir y dejar de pasar penas por no llegar bien a fin de mes y por no poder ayudar a su madre. 

Nunca pensó qué sucedería estando en el extranjero. 

Jamás se lo imaginó. 

Y, hasta ahora, sigue sin creerlo. 

Era él. Ella lo sabía. Ese ser humano era la persona que había esperado toda su vida. Un francés alto, de contextura promedio y vestido como cualquier otro hombre. Pero ¿cómo lo sabía? ¿Cómo pudo distinguir el amor de su vida si físicamente se parece a todos los otros franceses? ¿Cómo se hace sin tan solo lo ha mirado a los ojos una vez? A los ojos. Una vez, y luego otra y otra y otra. Entonces se da cuenta que ya nada es igual y que su vida, a pesar de ser injusta con ella, económicamente hablando, daba un vuelco inesperado. ¿Qué le importaría el dinero ahora que ha logrado algo que creía imposible? Y, si ella estaba tan segura de que él era la persona que encajaba perfecto en su vida, ¿por qué se contuvo las ganas de ir a hablarle? Lo hizo a propósito. Sí. Ella estaba segura de que él era y que la vida haría que ellos dos cruzaran palabras por lo menos una vez antes de vivir como el cliché: vivieron felices y comieron perdices. 

Así fue. A pesar de que sucedió casi diez años después, ambos cruzaron miradas nuevamente. Y ahora también palabras. Ella volvió a tocar las estrellas y se enamoró. Entendió que no era difícil y que cada día, e incluso cada segundo, las volvería a tocar.

6 comentarios:

  1. Te juro que me encantan tus textos que no me canso de leerlos, sigue así

    ResponderEliminar
  2. ¡Hola! Qué bonito, jo. No sé qué decirte, estos textos son para leerlos y disfrutarlos en las reflexiones. ¡Un besito y hasta la próxima entrada! Mo-

    ResponderEliminar
  3. Hola, Mele! Qué bonito lo que escribes. Creo que el amor de la familia está poco valorado, por eso me ha encantado tu texto: das la misma importancia al amor romántico que al familiar.

    Un abrazo!

    ResponderEliminar
  4. Hola
    Me gusta mucho lo que escribes, es precioso.
    Tengo muchas ganas de leer tu próximo relato.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  5. Hola, Mel

    La verdad es que un texto muy bello. Me engancha y además me hace reflexionar, me hace querer saber más. Muchas gracias por tus textos.

    Un abrazo!! ^,^!!

    ResponderEliminar
  6. Holaa que texto tan bello!!! siempre que vengo a leer tus posts me emociono por lo buenos que son, sigue así. Besos!!!

    ResponderEliminar